domingo, 6 de noviembre de 2016

ACCIDENTILLOS ESCLEROTICOS...

Novedades!!!! Novedades!!! Y no es el gordo de Navidad! Ese está ya muy visto y muy repetido! (Vaaaale, si nos tocara tampoco le haríamos ascos verdad?) Lo mío sí que es una novedad divertida y original! Tiene su gracia! Es de esas cosas que a la gente sana, que es súper aburrida, no le pasan. Viven vidas extremadamente monótonas y eso es algo de lo que, nosotr@s, esclerótic@s del mundo, no podremos quejarnos jamás. Cómo hacerles comprender estas curiosidad de que están repletas nuestras vidas? Cuesta, cuesta...

Estaba yo hace unos días sentada cómodamente con mis piernas en alto, cenando y viendo series, que por si no os habéis dado cuenta, son lo mío. Mi modus operandi suele variar poco. Y ya habia acabado mi cena, que vete tú a saber qué era, y de postre una maritoñi. Supongo que sabéis lo que es no? Pero bueno, si alguien no lo sabe... Mejor verlo que explicarlo! Aunque ya os aviso: si lo que uno se propone es adelgazar, casi mejor no tener una cerca.

                                             

Yo estaba tan tranquila tomándomela cuando 2 ó 3 piz-
 quitos del azúcar se me cayeron. Obviamente con qué mano tenía cogido el delicioso manjar? Con la izquierda, por supuesto!Y obvio también que para coger las mijitas, lo tenía que hacer con la izquierda así que, no problem! cojo la maritoñi con la derecha un momento que a eso llega! Antes no, pero ya sí que mi mano se ha convertido en una mujercita hecha y derecha... casi. Y en esas estamos, confiada de que la mano se está comportando como debe, sujetando! Y una, en su inocencia, decidió desentenderse, que a los niños pequeños hay que darles un voto de confianza. Pues resultó que... no!!! No siempre esta confianza ciega es correspondida. Uno se lleva tantos desengaños en esta vida... Cuando me quise dar cuenta, mi pastelito estaba realizando un salto de trampolín con doble pirueta en el aire hasta posarse, en un ejercicio digno de las Olimpíadas, en mi pantalón y mi camiseta. Se ve que, pueeeede, que mi cerebro estuviera convencido de tenerla bien sujeta pero la mano, rebelde ella, iba a su bola y no estaba haciendo ningún esfuerzo por cumplir con su tarea. Así que lo que pudo quedarse en un par de migas fácilmente eliminables, el desastroso resultado fue tal que ...



Grandioso, eh??? Vale, tampoco fue el fin del mundo, solo del pijama antes de meterlo en la lavadora, pero he de admitir que no estaba yo demasiado acostumbrada a ese tipo de "contratiempos". Por supuesto que me han pasado... se me viene a la cabeza una vez que me tiré un café encima y me tuve que meter en la ducha porque olía a café recién tostado toda yo, o aquella otra vez en que mis ojos veían la alfombra por la que pasaban pero los pies ignoraron el aviso y acabé en el suelo cual Maja Desnuda, pero vestida y algún destrozo rodilla por aquí, tobillo por allá. El capítulo "caídas" es más largo que El Quijote. entero. Pero este tipo de cosillas, a quién no le han pasado? Solo que no estaba tan acostumbrada ya porque una aprende a adelantarse lo más que puede a cosas así pero SIEMPRE termina ganando nuestro agujereado cerebro. Y es en situaciones así donde una ve la descoordinacion y falta de diálogo cerebro-cuerpo existentes. Falta de diálogo, mmm... no se a qué o a quién me recuerda eso...