martes, 12 de enero de 2016

LA FATIGA, ESE INTRUSO INESPERADO

A ver, en la lección de hoy vamos a intentar diseccionar, metafóricamente hablando, uno de esos síntomas más... porculeros. Disculpadme la expresión pero tras devanarme los sesos, no se me ocurre otro calificativo que le haga justicia: la fatiga. Ese cansancio continuo que aparece sin previo aviso, sin que su presencia sea solicitada y sin haber alimentado su ego en lo más mínimo. Hasta hace poco estaba ahí, siempre lo estuvo, pero era una relación de respeto mutuo salvo excepciones en que se ponía rebelde cual quinceañer@ y no había forma de dominarla. Pero no. Ya no. Nuestra relación está sufriendo una crisis digna de acudir a un consejero matrimonial. Esto es un matrimonio forzado, sí, pero matrimonio al fin y al cabo y sin derecho a reclamación alguna ni divorcio ni separación de bienes.  

Usaremos un claro ejemplo para nuestra disección. Hablemos de cuando salir a almorzar durante unas 3 ó 4 horas te convierte durante las 20 horas restante en un fantasmita (adorable, he de añadir) haciendo un esfuerzo sobrenatural para pasar desapercibido entre los mortales para tenerlos engañados y pasar por uno de ellos. Algo tipo rollo esotérico. A ver, toda la cuestión es digna de Iker Jiménez, que ya es la segunda vez que lo menciono creo... cualquiera diría que veo el programa, que va a ser que no! Pero es una cuestión de análisis profundo.

 Veamos, primero te levantas, te duchas, que una vez cada 6 meses casi deberían ser una obligación! ;), te arreglas y te pones guapa... o guapo, que también tienen derecho! Y sales de tu casa. Caminas qué? Bajar 6 ó 7 escalones, no más de 10 pasos y directa al coche cual barra de pan directa al horno. Vale, hasta aquí nada excesivamente agotador, diría yo. Incluso para mi! El segundo paso es sentarte en un coche que NO conduces tú. Yo diría que esfuerzo realizado en esta tarea: 0. Bueeeeno, la parte que sigue sí que sirve para rebajar el pandero navideño que se te está poniendo fijo! Te bajas del coche, encuentras tu eje central en un ejercicio de búsqueda de estabilidad que ríete tú de los libros aquéllos de buscar a Wally! Y te diriges al restaurante que, a ver, siento no poder dar cifras exactas de los pasos que hubo que dar, que tampoco estoy tan mal de la olla como para ir contando pasitos! Pero vamos, vosotros creedme, nah! Más los pasos hasta llegar a la mesa. De 50 pasos no pasó la cosa casi casi seguro. Bueno, mis pasos son mini pasitos de bailarina (no tan estilizados...) pero vamos,  que repito: nah! energías gastadas : 1 (estimaciones subjetivas, que al final no sabemos si coincidirán con el resultado final). Paso 3: sentarte a la mesa. Hombre... energías lo que se dice energías, no creo yo que se gasten muchas no?. Paso 4:  Comer. Es lo suyo! Y a eso qué le ponemos? 1? Por poner algo. Además, la comida estaba tan rica que si era más, ni te diste cuenta. Porque además, si yo me partiera la comida yo misma, todavía, pero para eso ya tengo yo a mis lacayos así que, literalmente, comer. A secas. Así que sí, lo dejamos en 1. Hablar no descontará energía, no? Aunque lo cierto es que mantener conversaciones intentando mantenerte centrada,  el esfuerzo titánico de no perder el hilo de lo que estás hablando, por no olvidar palabras ni ideas... Parece una chorrada que si me llegan a decir hace unos años que eso podía llegar a cansarme, me río en la cara de quien fuera. Una risa silenciosa dentro de mi cabeza, vale... Pero ahora que lo pienso, me doy cuenta de que eso fue lo más agotador! Pero prosigamos. Se acerca el final de la comida y yo me sigo encontrando bien. Muy bien, de hecho... corremos un tupido velo sobre el mareíllo que me cogí con el vino. Una mísera copa de vino! Pero fue poca cosa. Paso 5: ir al servicio de manera infructuosa porque estaba un pelín inundado así que ida y vuelta a la mesa. Paso 6: desandar el camino recorrido a la llegada hasta subir al coche. Ponemos otro 1 en la energía gastada? Y mucho me parece! Paso 7: vuelta a casa cómodamente sentada en el coche, delante, por cierto, que desde que soy esclerótica, me mareo en coche. Eso nos llevaría a otro tema... qué c*** tiene que ver eso con la e.m.? El buzón de sugerencias queda oficialmente abierto. Pero volvamos al trascendental tema que nos ocupa. Paso 8: llega a casa, sube los 6 ó 7 escaloncitos y hogar! dulce hogar! Nuestra zona de confort, para qué engañarnos. Bueeeeno, al menos la mía. Paso 9: sentarme. No, tirarme sobre el  primer sillón que pillo. Paso 10: desinflamiento. Desinflamiento total y absoluto. De esos desinflamientos que te dejan complejo de globo pinchado con un alfiler. Y aquí estás... Sentada tras haber superado el paso 10 meditando muy seriamente los siguientes pasos a seguir. Y entonces la ves. Ahí está. Como siempre. Tan desalentadora como es habitual. Y tú le recriminas, mentalmente porque si lo hicieras verbalmente definitivamente estarías para una camisa de fuerza, su existencia. Pero el duro momento de abandonar la calidez del sofá para ir a tu habitación ha llegado. Te toca subir las escaleras. Y lo haces, pero aún queda el paso 11! Subir a la otra planta a cenar, ver tele y demás actividades lúdicas. Más escaleras! Total, que cuando  llegas, te sientas en tu cómodo sillón, pones tus piernas en alto, enciendes la estufa, te tapas con tus mantas (vale, hace frío donde vivo, sí). Es entonces cuando sientes como si todo tu ser saliera por tu cuerpo, así en plan peli, como un resplandor que te está diciendo: 'Coño! por fin me dejas descansar! Que tú lo pasarás muy bien pero yo sólo quería quedarme aquí, de la forma que tanto intento inculcarte! Haciendo NADA!' Y entonces tú, agotada como estás sin entender muy bien cómo, intentas relajarte, esperar a que el cansancio remita y el sueño se esfume, y entonces piensas: esto que me he llevado en el cuerpo! Ahora tengo una cama esperando así que... YO GANO!

..... Última anotación: nuestra crisis matrimonial va en aumento :(